miércoles, 31 de agosto de 2016

El convento de San Francisco, Cajamarca.


Por Freddy Ortiz Regis


Mi reciente viaje a la ciudad de Cajamarca ha sido tan emocionante y estremecedor como otras veces en las que he tenido la oportunidad de visitarla. La primera vez que fui a Cajamarca fue con ocasión del viaje de promoción de la escuela primaria. En compañía de mi querido maestro, don Segundo Morales Llerena, y mis compañeros del quinto año, llegamos a Cajamarca deseosos de conocer el Cuarto del Rescate del Inca Atahualpa y la famosa Silla del Inca, desde la cual, el soberano del imperio observaba el hermoso paisaje de esta ciudad andina.

Otra oportunidad que tuve para ir a Cajamarca fue con ocasión de la subida del equipo de fútbol –el Carlos A. Manucci– a la categoría del fútbol profesional peruano. Ganamos a la Universidad Técnica de Cajamarca (UTC) y desde ese momento es otra la historia del fútbol liberteño, con sus triunfos y fracasos. En esa ocasión fui con mi amado tío Manuel Li  –quien en vida fue un fanático carlista– y disfruté de los famosos Baños del Inca, que son emanaciones de aguas termales a las que se les atribuye virtudes curativas.


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Cajamarca es para quienes vivimos en la zona norte del Perú (tanto de la costa, la sierra y la selva) un poderoso centro de atracción turística. Digo de la zona norte, porque, la zona sur de mi país cuenta con la maravillosa ciudad del Cusco, que es considerada la capital arqueológica de América. Por ello, los peruanos del norte, sin tener que desplazarnos hasta el Cusco, encontramos en Cajamarca una ciudad que integra de manera esplendorosa el encuentro de dos mundos: el mundo europeo y el mundo andino. De más está decir que fue en esta ciudad en que se encontraron las huestes invasoras españolas, comandadas por Francisco Pizarro, con el soberano inca Atahualpa, hijo de Huayna Cápac, y que se encontraba en Cajamarca de retorno al Cusco para coronarse inca después de derrotar –en una cruenta y fraticida guerra– a su hermano Huáscar.

Por ello, Cajamarca, a diferencia del Cusco, debe su breve legado inca a este acontecimiento histórico de la presencia del inca Atahualpa, pues, la ciudad, rebosa de la impronta española desde cualquier ángulo por donde se la mire. Sin embargo, el atractivo turístico cajamarquino está muy conectado con las huellas del paso del inca Atahualpa por la ciudad y se ha soslayado –creo yo– el legado español que aún se percibe en las fachadas de sus casas con balcones y en su vasta red de templos católicos que están ubicados en sectores estratégicos de la ciudad, entre las que destacan la catedral (también llamada templo de Santa Catalina), el templo de San Francisco y el templo de Belén.

En esta ocasión, tuve la oportunidad de visitar las catacumbas y el convento que está adyacente al templo de San Francisco. “Este templo (también llamado de San Antonio) tiene una historia interesante, fue terminado de construir en el año de 1579, y después de 108 años fue demolido para iniciarse su reconstrucción en el año 1699, bajo la advocación de San Antonio de Padua. La edificación final fue culminada en el año de 1779, unos 80 años después de haberse iniciado su construcción, pero uno de los inconvenientes fue conseguir el material, ante lo cual, don Antonio Astopilco aceptó donar el material de construcción y por ello se ganó el derecho de ser sepultado, junto a su familia, en las catacumbas del templo. La construcción de la fachada del templo se hizo usando el estilo barroco, estilo predominante en ese entonces”. (Fuente: RPP. Iglesias del centro histórico de Cajamarca. Edición del 14/12/2012)

El autor de estas memorias en el frontis del templo de San Francisco,
del que forma parte el museo del mismo nombre

Debido a que estaba cerrado el ingreso a este templo, no me quedó más remedio que visitar –por un módico precio– las catacumbas y el convento, que forman parte del complejo religioso del mismo. Esta visita –en la compañía de mi prima Zully y mi hermano Luis– estuvo llena de sorpresas. La primera de ellas fue conocer a nuestro guía: Kevin Bardales Vásquez, un niño de apenas doce años de edad y que cursa el segundo de media en el emblemático Colegio San Ramón de Cajamarca. Después de mirarnos entre nosotros con una inquietud muy mal disimulada, no nos quedó más alternativa que seguirle los pasos cuando –con su voz infantil pero firme– nos dijo: “Síganme por aquí”.

Kevin, nuestro pequeño gran guía.

Y después de advertirnos que solo podíamos tomar fotografías de los lugares y objetos que él solamente nos permitiría, bajamos por unas escalinatas hasta lo que –según nos dijo– habían sido las catacumbas. “Con el paso de los años han sido desactivadas, quedando solamente algunas tumbas en la que solamente en una de ellas se ha dejado osamentas como referencia a lo que un día fue el lugar de enterramiento de notables y de franciscanos que vivieron en el convento”, nos dijo.

Restos que han quedado de las catacumbas, actualmente desactivadas

Luego de esto, nos invitó a recorrer los ambientes del convento –que es en la práctica un museo– en el que se custodian (no se puede decir conservan pues todos los objetos tanto de arte como los enseres que fueron usados por los franciscanos se encuentran en un franco proceso de deterioro “a vista y paciencia de la comunidad y las autoridades que no apoyan en nada para evitar que esto suceda”, según las palabras de nuestro pequeño guía).

Sobre el convento, nuestro guía nos dijo que fue concluido en el año 1562, y en él vivieron los primeros franciscanos. El más célebre de ellos fue Mateo de Jumila quien, a pesar de no ser sacerdote, fue el que evangelizó a Cajamarca y Chachapoyas. En el año 1811, por orden del virrey Abacal, se convierte en parroquia y los franciscanos tuvieron que dejar el convento. En el año 1870, a petición de los cajamarquinos, los franciscanos regresan nuevamente a vivir en el convento hasta el día de hoy.

Entrada al museo de San Francisco

Una vez adentro se puede ver que existe una colección de lienzos quiteños, cusqueños, limeños y también cajamarquinos (Cajamarca va a ser muy influenciada por Quito). Hay también algunas esculturas de buena manufactura. Lástima que los lienzos y los ambientes están muy descuidados y la museografía es muy pobre. En algunos ambientes se nota todavía las antiguas pinturas murales. En el primero de ellos están –como en una colección sin mayor organización y criterio– elementos de lo más descomunal: lienzos, esculturas, biblias y misales en latín, muebles de los siglos XVII y hasta un órgano del siglo XVIII.

El museo consta de cuatro ambientes dispuestos alrededor de un patio central o claustro, en los que se puede apreciar imágenes antiguas, indumentarias, muebles y objetos menores de uso litúrgico. Los ambientes, en los que actualmente funciona el museo, son adaptaciones de las antiguas celdas de los franciscanos. En el patio central hay una vieja pileta que Kevin –nuestro pequeño guía– accionó encendiendo un motor que hizo discurrir el agua a través de su estructura. Luego de permitirnos ver correr el agua, apagó el mecanismo y cerró, escrupulosamente, la caja que contiene el interruptor eléctrico.

Patio central del museo con adaptaciones
de las antiguas celdas de los franciscanos

El tiempo que pasamos en el museo conventalicio fue de aproximadamente 40 minutos; tiempo que apenas si lo sentimos escuchando con placer, entusiasmo y admiración los datos, anécdotas, hechos y leyendas que –con erudita dicción– Kevin nos hacía llegar con la mayor naturalidad y desenvolvimiento. No me alcanza el espacio para revelar todo lo que este niño nos compartió; y tampoco lo haría, pues es un derecho de reserva que me autoimpongo a fin de mantener siempre vivo el interés de los lectores por conocer tanto los secretos del museo como el trabajo de este pequeño guía, ejemplo para los jóvenes que anhelan posicionarse en la lucha por la vida. Dentro de esta reserva están los cientos de fotografías que podía haberse tomado, pero que están vedadas a fin de garantizar, por un lado, la vida útil de lienzos y esculturas y, por otro lado, la información que es patrimonio del museo y su única fuente de ingresos.

Cuando llegamos a una celda que había sido el dormitorio de un sacerdote franciscano me quedé maravillado por el escenario que se abría ante mis ojos: la edad media había sido capturada en una pequeña habitación en la que estaban una cama con “colchón” de cuero de vacuno, el bacín en el que el religioso hacía sus necesidades corporales, una silla y un escritorio de madera, que activó en mi mente el motor de la imaginación, haciéndome retroceder al momento en que objetos y personas daban vida a un presente que se perdió en la insondabilidad del tiempo. Sobre el escritorio de madera reposaban un crucifijo, una pequeña lámpara de mecha, un tintero, pluma y un secador de tinta que habían sobrevivido al religioso escritor y esperaban, mudos e inmóviles, el eterno retorno de su dueño.

Se apoderó de mí un deseo irrefrenable de fotografiar esta reliquia, y dirigiéndome hacia mi pequeño guía, le dije:
– Kevin, ¿podría tomar una fotografía del escritorio? –le pregunté sabiendo cuál iba a ser la respuesta.
– No, señor –me respondió con firmeza.

Yo no me di por vencido:
– Pero, Kevin, ¿y si desactivo el flash de mi cámara?

El niño quedó pensativo por un momento para responderme luego con la bondad que solo puede brotar de la inocencia:
– Está bien. Pero solo una foto, nada más.

Ancestral escritorio. Fina deferencia de nuestro guía.

Después de agradecerle por esta deferencia, y felices por el trofeo que nos llevábamos en la memoria digital de la cámara, nos despedimos de Kevin, regalándole una propina y abrumándolo de felicitaciones y consejos para que siga por ese sendero del conocimiento hasta alcanzar la meta de una carrera profesional afín.

Al llegar nuevamente a la calle sentí que había salido del túnel del tiempo. En mi mente y en mi corazón quedaron los objetos, sus espíritus y Kevin, volviendo a la vida la historia en una íntima transubstanciación del pasado con su voz.


Vídeo de nuestro reciente viaje a la ciudad de Cajamarca


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viernes, 10 de junio de 2016

Perú: Tiempo de crecer de verdad

Por Freddy Ortiz Regis

Estoy recorriendo el largo camino que separa Chiclayo de Trujillo, y me he decidido a escribir estas líneas, después de enterarme por las redes sociales que el triunfo de PPK es prácticamente oficial.

Conocidos los resultados que dan como ganador al ciudadano peruano Pedro Pablo Kuczynski, es el momento de celebrar este triunfo con hidalguía, respetando a la otra mitad del Perú que optó por la propuesta fujimorista. No es el momento de profetizar sobre el pasado sino de convocar a las fuerzas democráticas del pueblo para avanzar estos próximos cinco años hacia la consolidación de un país más próspero y, al mismo tiempo, más justo.

El proceso electoral 2016 nos ha dejado grandes y profundas enseñanzas: La más importante: que la sociedad peruana ha comenzado a experimentar una saludable tendencia hacia las formas de política basadas en la ética y en el compromiso con las necesidades reales del país. ¿Qué elementos de juicio me permiten decir esto?: i) El surgimiento de una nueva propuesta política con Julio Guzmán y su enfoque centrado en la persona; ii) el rechazo a la candidatura de César Acuña, quien a pesar de sus vigorosas fuentes financieras fue derrotado por el desprecio de una ciudadanía que exige a sus gobernantes un mínimo de responsabilidad y formación; iii) la derrota de Alan García, otrora poderoso personaje que dominó el escenario político desde el tercer tercio del siglo pasado, y cuya estrepitosa caída en las ánforas solo confirmó su impopularidad en el pueblo, cansado de su doblez y estancamiento políticos; iv) la derrota de Alejandro Toledo, cuyos escándalos financieros, no fueron suficientes para repetir entre el electorado su estrategia racista, y terminó catapultado por la desilusión del pueblo; v) el surgimiento de Verónica Mendoza, quien con su valiente y desprendido apoyo a PPK, nos ha hecho abrigar la esperanza de que podemos tener, también, en nuestro Perú, una izquierda responsable que, en su momento histórico, pueda contribuir a la meta de nuestro país: llegar a ser uno del primer mundo; y, vi) la consolidación de un movimiento ciudadano capaz de salir a las calles para tocar conciencias, despertar iras y sembrar dignidades.

He dejado para un párrafo aparte la derrota de Keiko Fujimori por Pedro Pablo Kuczynski porque este es un escenario que, si bien nos ayuda a ser optimistas y pensar en que el momento de crecer para el Perú se ha iniciado, al mismo tiempo, representa un desafío latente que los peruanos deberemos enfrentar a largo plazo. Para todos quienes hemos votado en contra del fujimorismo (en esta oportunidad bajo la máscara de la mayor de las hijas del convicto Alberto Fujimori) nos queda muy claro que aquél encarna lo peor de la política nacional de los últimos tiempos, pero, cuyo triunfo en el Congreso se constituye (para los fujimoristas) en la más grandiosa oportunidad para volver a sus antiguos fueros, reciclarse y tratar de perpetuarse en la política nacional a expensas, por un lado, de la falta de educación y cultura de grandes sectores populares de nuestro país y, de otro, de una raigambre ancestralmente autoritaria que recorre la vena de nuestra sociedad desde tiempos inmemoriales.

Será, pues, una prioridad de la agenda histórica de nuestro país, crear las condiciones para que –poco a poco– el fujimorismo vaya eclipsándose del escenario político, social y económico, tal como lo hizo la sociedad alemana de posguerra con el nazismo o lo viene haciendo la sociedad chilena con el pinochetismo. No será una tarea fácil, pues la lucha no está solo en el campo material sino sobre todo en el terreno ético-moral; pero tenemos a nuestro favor los indicadores a que he hecho alusión al comienzo de este artículo.

Pero no debemos confundir al enemigo. El enemigo es el fujimorismo, no el pueblo que simpatiza con él. En un arrebato de desconsuelo por la derrota de la señora Fujimori, el periodista Ricardo Vásquez Kunze ha dicho que quienes han ofendido a Keiko han ofendido a todos quienes han votado por ella. Tal despropósito no es real. El voto anti-Keiko ha sido un voto contra lo más nefasto del régimen fujimorista de ayer y contra su anhelo de resucitar intacto en la política peruana del siglo 21. De ahí que todos los esfuerzos orientados a luchar contra su fortalecimiento –de parte no solo del nuevo gobierno sino también de los sucesivos que continúen la senda democrática del Perú– deberán incluir una capacidad de respuesta pedagógica hacia ese sector de compatriotas que han votado por el fujimorismo más por la fe que por la razón.

Por ello, Pedro Pablo Kuczynski, también tiene su cuota de responsabilidad en esta misión. Nunca deberá olvidar que ha llegado a palacio de gobierno por los votos de millones de peruanos que han decidido cerrarle el paso al fujimorismo. El voto de estos millones de peruanos no ha sido un voto político ni económico ni social; ha sido un voto moral. Por lo tanto, una de las primeras medidas del nuevo presidente deberá ser retractarse de su intención revelada de firmar una ley que permita que el histriónico Alberto Fujimori salga de la cárcel. Esto provocaría una profunda desazón y desmoralización entre quienes le hemos endosado el voto para gobernar el país con justicia y eficiencia. Si de verdad ha prometido cumplir luchar contra la corrupción deberá dejar bien en claro en la mente de la sociedad que los delincuentes más peligrosos son los políticos y funcionarios corruptos, pues, la corrupción, es la madre de la miseria moral y económica del Perú porque niega y cierra las puertas –a los sectores más necesitados– de todas las oportunidades que una sociedad desarrollada puede proveer para salir adelante en la vida y ser felices.

El Perú de todas las sangres es, también, el Perú de todos los problemas. Estamos apenas a cinco años de haber logrado –hace 200 años– la libertad política de la metrópoli española, pero estamos todavía a muchos años de alcanzar la madurez material y espiritual que nos permita lograr la libertad ciudadana en un contexto de globalización y respeto a los derechos humanos y medioambientales.

 
En la foto el autor con PPK con ocasión de la entrega póstuma de
la medalla Willy Brandt a su señor padre, don Maxime
Kuczynski-Godard (2015)


Dios bendiga al gobierno del señor Pedro Pablo Kuczynski. Dios bendiga al Perú. Le hemos brindado un voto crítico, pero siempre contará con nuestro apoyo en el frente de la lucha contra todos los poderes que pretendan hacer retroceder a nuestro Perú y llevarlo por la senda de la desesperanza, la corrupción y la intolerancia.

El compromiso es personal y no solo institucional. A diferencia del deporte en que uno gana y otro pierde, o de la religión en donde cada dogma se cree poseedor de la verdad absoluta, en la vida en sociedad todos perdemos si no hay un compromiso personal con la democracia y la ciudadanía. Sea que pertenezcamos o no a un partido o movimiento político, el deber de actuar con probidad en todos nuestros actos es lo que marcará la diferencia de nuestro país en el concierto de naciones desarrolladas del mundo.


lunes, 11 de abril de 2016

Leyendo los resultados del 10 de abril

Por Freddy Ortiz Regis


Mis primeras impresiones, luego del flash electoral, en medio de una fiebre de 39 que me consumía, fueron de profunda desazón y tristeza: Keiko Fujimori y PPK liderando más del 50% del voto electoral.

Por un momento me sentí tentado a pensar que, mi posición bastante crítica con este proceso eleccionario, no era sino una interpretación muy personal, en la que se mezclaban, por un lado, mi poca experiencia en la política, y por otro, mi candor en materia de fe en las personas. Incluso llegué a pensar que aquellos amigos que me han eliminado del Facebook por disentir con mi posición política a favor de Julio Guzmán (y no faltó alguien que me dijo que era un “huevón”), estaban en la razón.

Pero conforme van pasando las horas de la publicación de los primeros resultados y se va confirmando la tendencia inicial, y si a esto sumamos, que el inefable Kenji Fujimori es –hasta el momento– el más votado para el congreso, a nivel nacional, y que en nuestro departamento de La Libertad, cuna de grandes intelectuales, Richard Acuña, lidera la votación para el parlamento, entonces la sangre me vuelve al rostro y cualquier sentimiento de culpa y desazón conmigo mismo, desaparecen.

Son muchas las respuestas y explicaciones que hasta el momento se han formulado, tratando de comprender estos resultados. He aquí algunas de ellas: i) que, es cierto, el fujimorismo tiene un voto duro que no ha sido fácil de corroer, ii) que Mujica ha dicho que “los peruanos nos hemos acostumbrado a vivir en la corrupción”, iii) que los peruanos no queremos otra constitución y seguimos apostando por la derecha, iv) que los peruanos somos el cuarto país más ignorante del mundo, v) que en la contienda final no primaron quienes han hecho las mejores propuestas sino que primó la memoria social del país: ya hemos vivido la izquierda, y en la balanza de los resultados, con la derecha no nos ha ido bien pero sí mejor.

Personalmente, considero que no falta algo de razón a quienes de buena intención han esbozado alguna explicación a estos resultados. Pero, desde mi punto de vista, cualquier análisis que se realice sin reconocer que el estado peruano –por medio del JEE y el JNE– intervino abrupta y salvajemente en el proceso electoral para reacomodar un combo electoral al gusto delivery de los poderes tradicionales que gobiernan a nuestro país, es un análisis sesgado y sin mayor fundamento objetivo. Ya ha habido pronunciamientos de personajes representativos de los organismos internacionales en ese sentido, y solo falta que estos mismos organismos, emitan sus informes oficiales, a raíz de las denuncias interpuestas por los candidatos injustamente excluidos del proceso, los que sumados hacían casi el 40% del electorado nacional.

Esto ha determinado, pues, que los peruanos –­en un país ­donde es obligatorio acudir a votar so pena de recibir una cuantiosa pena pecuniaria y ser declarado un muerto civil para cualquier trámite en el ejercicio de la ciudadanía– no tengamos mayores opciones que movilizarnos a elegir entre lo que hay, como en un restaurante, en el que solo se puede pedir lo que está en el menú (un menú impuesto a lo bestia). La expulsión de Guzmán y Acuña de la lid electoral, que pasó de la sorpresa general inicial a la indignación de sus miles de partidarios y seguidores, fue un factor que desestabilizó drásticamente las estadísticas electorales que se manifestaban por medio de las encuestas.

Una de las primeras interrogantes que me hice cuando se concretó el fraude de los organismos electorales para favorecer a determinadas candidaturas, fue saber adónde migrarían los votos de Guzmán y Acuña. Recuerdo haber escrito en mi cuenta de Facebook que “era para mí un misterio”. Pero el misterio parece haberse resuelto: la mayor de parte de los votos morados se fueron para la única alternativa que quedaba y que significaba –al menos en la teoría y en el discurso– una oposición a las fuerzas dinosáuricas de la política: Verónica Mendoza.

Esto no es mi caso. Desde que advertí el fraude electoral, y lo denuncié en mi humilde muro de Facebook, no obstante las críticas e insultos, decidí viciar mi voto como el ejercicio más puro de mi derecho a no votar por alguien que se me ha impuesto o por alguien que no llenase mis expectativas políticas, y que me lo ofrece el artículo 365° de la Ley Orgánica de Elecciones: “El Jurado Nacional de Elecciones declara la nulidad total de las elecciones en los siguientes casos: 1. Cuando los votos nulos o en blanco, sumados o separadamente, superan los dos tercios del número de votos válidos; (…)”. Ha sido una posición casi solitaria, ingenua, ilusoria y hasta huevona como alguien me dijo; pero ha sido mi postura, tanto en esta primera vuelta, como lo será en la segunda.

Después de este paréntesis, y volviendo al reacomodo del fraude, quienes lo urdieron no tenían en mente que los votos de Guzmán se irían a la izquierda. El plan era que los votos de Guzmán y Acuña se endosen a la derecha (no importaba a quién). Pero no contaron con que, entre los seguidores de Guzmán, los había de corazón y convicción, por una nueva forma de hacer política (nótese cómo muchas frases del discurso de Guzmán se incorporaron al de Mendoza).

El voto, pues, de millones de peruanos del domingo 10, ha sido un voto que no se puede interpretar sin considerar el escenario antidemocrático en el que se ha desarrollado: los peruanos no estamos contentos con el gobierno de la derecha; los peruanos no estamos entre los más ignorantes del mundo (como nos quieren hacer creer) pues somos de las culturas más antiguas y sabias de la Tierra; los peruanos no nos hemos acostumbrado a vivir con la corrupción, todo lo contrario, hemos crecido y desarrollado mercados a pesar de la corrupción. Y si el fujimorismo aún tiene algún arraigo en un amplio sector de nuestro amado país, es porque los gobiernos sucesivos (el de García, Toledo y Ollanta) han sido tan incompetentes en los ámbitos de la seguridad y de la gestión estatal, que millones de nuestros compatriotas esperan que la hija del dictador reedite esa eficiencia que constituyó –sin temor a equivocarme– las áreas más favorables del gobierno de Alberto Fujimori más allá de su bien ganado prestigio como dictador y corrupto. Y si a esto sumamos los errores de la “justicia” peruana liberando e indemnizando a terroristas convictos y confesos, mientras el “paladín de la lucha antiterrorista” (como desatinadamente aún lo reconocen los seguidores de Fujimori) está preso, entonces, caemos en la cuenta que el reforzamiento del mito fujimorista no solo ha sido abonado por sus partidarios y simpatizantes sino también por sus propios oponentes.

Finalmente, quiero terminar esta primera lectura de los resultados, felicitando a mis compatriotas por seguir creyendo en el sufragio como la manera más civilizada del ejercicio del cambio de poder en democracia. En política, como en la religión, en el derecho, y en todas las disciplinas de la actividad y el pensamiento humanos, hay muchas interpretaciones sobre un mismo fenómeno; al final de cuentas, solo tenemos percepciones personales acerca de la realidad. Dios, en su infinita bondad, nos ha dotado de inteligencia para saber aceptarnos y convivir a pesar de nuestras diferentes cosmovisiones. En la diversidad y en la heterogeneidad está la belleza de la vida.

Pero en la lucha entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal no hay ambigüedades. O estamos de parte de quienes anhelan vivir en una patria con justicia, libertad y dignidad, o estamos de parte de quienes –por una prebenda, por un puesto en la administración de justicia, por un contrato bajo la manga, o porque a río revuelto ganancia de pescadores–  hacemos la vista gorda a la injusticia y a la corrupción, hipotecando por un efímero bienestar el futuro de nuestra patria como nación y como herencia a nuestros hijos.

Conclusiones: i) el pueblo peruano ya no vota por propuestas; vota por experiencias vividas, de ahí la responsabilidad de quienes lleguen al poder de hacer un buen gobierno para perdurar en la memoria colectiva; ii) una vez más los peruanos somos obligados a votar por el mal menor en un marco electoral antidemocrático; iii) el obligarnos a votar permite que los sectores menos informados y, por lo mismo, menos conscientes del desarrollo político del país, sean quienes inclinen la balanza en favor de quienes mejor aprovechan esa ignorancia.

Dios quiera que nunca más se vuelva a repetir este escenario de exclusión de candidatos por parte de una burocracia electoral –que como en los negocios– es un obstáculo para la libre creación y generación de oportunidades.  Miles de peruanos democráticos aún no salimos del shock que ha significado la criticada actuación de los organismos electorales en este proceso del 2016. Por eso, volveré a votar viciado el 5 de junio, aunque me vuelvan a decir que soy un huevón.  




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Nota: Al cierre de este artículo, la OEA acaba de publicar su primer informe preliminar, reconociendo la necesidad de una profunda reforma electoral en nuestro país. Leer el informe en http://goo.gl/OoUIG8.


martes, 8 de marzo de 2016

Odebrecht: De la tecnología empresarial a la tecnología de la corrupción


Cuando en 1990 se me confió la traducción de la obra de Norberto Odebrecht, fundador de la grandiosa empresa brasileña de la construcción, titulada “Sobrevivir, crecer y perpetuar”, acepté encantado, intuyendo que a través de sus más de 500 páginas se desprendían los principios filosóficos que no sólo habían sido fundamentales para el desarrollo ético de este gigante empresarial sino que también constituirían un ejemplo para América Latina sobre la base de esta nueva concepción organizacional que, un grupo de brasileños ambiciosos, inteligentes y pujantes, habían concordado en denominar como una tecnología empresarial (1).


Obra "Sobrevivir, crecer y perpetuar" de Norberto Odebrecht


Contracarátula de la obra "Sobrevivir, crecer y perpetuar"

Los orígenes de la empresa Odebrecht

En Salvador, Bahia, el joven ingeniero Norberto Odebrecht crea la empresa que le da origen a la Organización Odebrecht. Desde su fundación, había una idea simple, que hasta hoy se encuentra en la base de la filosofía de la Organización: identificar, integrar y desarrollar jóvenes con talento y predisposición para la práctica empresarial. (Odebrecht.com)



Joven Norberto Odebrecht

El ADN de la Organización se remonta al año 1856, fecha de la llegada de Emil Odebrecht a Brasil. Siguiendo el flujo de la inmigración germánica en el país, el ingeniero alemán se estableció en el Valle de Itajaí, en Santa Catarina. Casado con Bertha Brichels, tuvo 15 hijos. Uno de sus nietos, Emilio Odebrecht, padre de Norberto, se encaminaría hacia el sector de la Construcción Civil y comprobaría la vocación emprendedora de la familia Odebrecht. (Odebrecht.com)

La constructora Isaac Gondim e Odebrecht Ltda. fue la primera empresa de Emílio Odebrecht. En 1923, crearía Emílio Odebrecht & Cia., responsable de varias edificaciones en el período entre guerras, en el nordeste brasileño. (Odebrecht.com)

Con el inicio de la 2.ª Guerra Mundial, los materiales de construcción provenientes de Europa se volvieron caros y escasos, lo que provocó una crisis en el sector. Emílio se retiró de los negocios y en 1941, su hijo Norberto lo reemplazó. (Odebrecht.com)

Desde 1945 a 1949, Norberto Odebrecht, realiza obras en Salvador y en el interior de Bahia y comienza a construir una marca que se diferencia en calidad e innovación. Entre los proyectos, se encontraban el Círculo Operario (1946), el Astillero Fluvial de Ilha do Fogo (1947), el muelle y el puente de atraque en Canavieiras (1948). (Odebrecht.com)

La innovación constructiva, la planificación y la productividad permitieron la conclusión del Edificio Belo Horizonte en siete meses, cuando el promedio era entonces de tres años. (Odebrecht.com)


Edificio sede de Petrobrás

En 1954, la empresa original de la Organización se convierte en sociedad anónima y pasa a denominarse Construtora Norberto Odebrecht S.A. (CNO), y, desde ahí en adelante se inicia el despegue de esta organización rebasando no solo los límites de su país de origen para convertirse en una grandiosa transnacional sino también iniciando una diversificación de servicios que logran colocar a esta empresa entre las primeras del mundo.


Los principios filosóficos de Odebrecht

El gigante brasileño, en el transcurso de su creciente e imparable desarrollo empresarial ­-aunando la experiencia de su fundador, don Norberto Odebrecht- fue desarrollando un conjunto de creencias y valores que comenzó a llamar Tecnología Empresarial. Norberto Odebrecht (1990:II) entendía por ésta “el arte específico de que se vale el empresario para coordinar el trabajo de las Personas, dirigiéndolas para que produzcan las riquezas morales y materiales indispensables para la supervivencia, el crecimiento y la perpetuación de nuestra especie”.

En el prefacio de la primera edición en español, Norberto Odebrecht (1990:XIII) escribe:

“En todas las fábricas, plataformas y obras en que operamos hay un EMPRESARIO identificado con las Concepciones Filosóficas de la Organización, quien, además, es totalmente responsable del éxito de las relaciones con SUS clientes, Proveedores, Colaboradores y Autoridades Gubernamentales.
“Lo mismo ocurre en cada país donde nos instalamos. Existe una Persona que, liderando a otras Personas, es responsable del éxito de nuestros negocios, de la integración de nuestra Organización y la suya propia a la vida económica y social de la comunidad que ha escogido para trabajar y vivir con su familia.
“La integración tiene como base fundamental la comunicación. Para que esta se lleve a cabo, es necesario que se hable el mismo idioma.
“Por esta razón decidimos traducir el libro "Sobreviver, Crescer e Perpetuar" al español, idioma de los Clientes que servimos en muchos países en donde actuamos y también de los Integrantes de la Organización en estos mismos países.
“Esta obra abarca la cuestión del PODER DE SERVIR y, del comienzo al fin, la ÉTICA EMPRESARIAL es su tema dominante.
“El empresario trabaja permanentemente con GRANDEZAS MATERIALES: bienes, servicios, plazos y costos, que forman parte de su labor cotidiana.
“Empero, dichas grandezas materiales se derivan de algo que las antecede y las determina. Son las GRANDEZAS MORALES que conducen no solo las relaciones internas sino también las relaciones entre el Empresario, el Cliente, el Accionista, los Proveedores y el Gobierno.
“Sólo después que se han establecido relaciones correctas entre esos agentes económicos podremos lograr la producción de las RIQUEZAS MATERIALES -que el Cliente desea y necesita- y de los RESULTADOS que beneficiarán a los demás, de acuerdo con la participación de cada uno en el esfuerzo productivo”.

Pero, ¿cuál es esa filosofía empresarial que el fundador de Odebrecht y su organización fueron aquilatado a través de su experiencia tanto personal como organizacional? En la obra Sobrevivir, crecer y perpetuar. Tecnología Empresarial Odebrecht ésta corre desde la página veintisiete hasta la ciento setenta y cuatro.  Debido que está protegida por el derecho de autor, me limitaré a mencionar la versión -muy resumida- que se puede leer públicamente en su página web:

Principios fundamentales

Los Principios Fundamentales de la TEO establecen los valores culturales y éticos que deben regir los Negocios en Odebrecht:
  • Confianza en las Personas, en su capacidad y deseo de evolucionar;
  • Satisfacción del Cliente, atendiéndolo con énfasis en la calidad, productividad y responsabilidad socioambiental;
  • Retorno a los Accionistas y valorización de su patrimonio;
  • Asociación entre los Integrantes, que participan en la concepción y realización del trabajo, y en los resultados que generan;
  • Autodesarrollo de las Personas, sobre todo por medio de la Educación por el Trabajo, asegurando la Supervivencia, el Crecimiento y la Perpetuidad de la Organización;
  • Reinversión de los Resultados, para la creación de nuevas oportunidades de trabajo y para el desarrollo de las comunidades.

Todos los Integrantes de la Organización deben actuar en alineación con esos principios, que componen la esencia del Patrimonio Intangible de los Accionistas. Estas referencias culturales y éticas, sin embargo, no deben reprimir la iniciativa y la creatividad del profesional. Por el contrario, se destinan a potenciar la capacidad individual en su actuación.

Conceptos esenciales

Los Conceptos Esenciales de la TEO garantizan la eficacia y la claridad en la interacción entre Líderes y Liderados. Sumados a los Principios Fundamentales, establecen un lenguaje común entre los Integrantes, formando el Sistema de Comunicación de Odebrecht.
  • La descentralización favorece el contacto permanente y directo del Integrante con el Cliente y, por consiguiente, la clara percepción de sus necesidades. Es importante también en la identificación y atracción de los nuevos Empresarios;
  • La práctica de la confianza es la delegación planificada. Los líderes deben estar seguros en cuanto a la rectitud de carácter de los Integrantes y creer en el potencial del profesional, en su competencia y voluntad de desarrollarse, además de su alineación con las Concepciones Filosóficas de la Organización;
  • La Tarea Empresarial consiste en la identificación, conquista y satisfacción del Cliente un proceso continuo y eficiente que garantiza el éxito en los desafíos;
  • Los resultados deben siempre fluir de los Clientes a los Accionistas, pues la valorización de su Patrimonio Moral y Material es la principal garantía de Supervivencia, Crecimiento y Perpetuidad de la Organización.

Criterios generales

Hay ocho Criterios Generales que influencian el modo de pensar y actuar de los Integrantes:
  • El Ser Humano es la medida de todos los valores en la Organización;
  • El Empresario debe dominar su Negocio para satisfacer simultáneamente al Cliente y al Accionista;
  • La Educación por el Trabajo es indisociable de la Tarea Empresarial;
  • Los que prestan apoyo a los Responsables de los Negocios deben estar siempre orientados a las oportunidades y a los mejores resultados;
  • El profesional tiene el derecho de compartir los resultados que directamente contribuye a generar y que puedan ser medidos, facturados y pagados por el Cliente;
  • El Empresario debe estar siempre abierto para reconocer y listo para corregir rápidamente sus errores;
  • La imagen que importa y hace la diferencia es aquella construida junto a la Comunidad, en base a la satisfacción de cada Cliente y al compromiso con el bienestar de todos;
  • Los Líderes tienen el deber de promover su propia salud y la de cada uno de sus Liderados, así como la seguridad de las operaciones, la calidad de vida y la conservación ambiental en las Comunidades en las que actúan.

Responsabilidad empresarial

El Integrante cumple su Responsabilidad Empresarial por medio del trabajo con calidad y productividad. Para tal fin, necesitamos:
  • Satisfacer las necesidades de los Clientes, con productos y servicios que resulten en la mejoría de la calidad de vida en las comunidades;
  • Contribuir al desarrollo socioeconómico, tecnológico y empresarial en los sectores y países donde actúa;
  • Crear oportunidades de trabajo y de desarrollo para las Personas, incluso reinvirtiendo los resultados obtenidos;
  • Generar riquezas para el Gobierno y para la sociedad, por medio de la recaudación de impuestos y encargos y de la remuneración a los Proveedores, Integrantes y Accionistas;
  • Asegurar el permanente respeto al medio ambiente en las acciones empresariales.

Como se puede apreciar, ¡toda una revolución ética y moral en el campo empresarial!


De una tecnología empresarial a una tecnología de la corrupción

Ayer, 8 de marzo, los diarios del mundo anunciaron que el ejecutivo brasilero Marcelo Odebrecht, expresidente de la constructora Odebrecht, fue condenado a 19 años y 4 meses de prisión por el escándalo de corrupción de Petrobras. El empresario recibió esta sentencia judicial dictada en primera instancia por el juez federal Sergio Moro, ante la que cabe recurso por parte de la defensa, por los delitos de corrupción pasiva, lavado de dinero y asociación para delinquir. De acuerdo con el auto de Moro, en uno de los varios sobornos contemplados por la Justicia, la compañía Odebrecht entregó entre marzo de 2010 y agosto de 2011 poco más de 4.4 millones de dólares y 1.9 millones de francos suizos (unos 1.92 millones de dólares) a directivos de la petrolera.
  
Edificio de la sede de Odebrecht en Brasil

Pero, qué pasó con el gigante brasileño del que una vez The Economist llegó a decir:

“En muchos sentidos, Odebrecht, el mayor conglomerado de construcción de América Latina, es un modelo de negocio progresivo, moderno y bien dirigido. Tiene una fuerte cultura interna que hace hincapié en la capacitación, la meritocracia y la toma de decisiones descentralizada. Fue pionera entre las empresas brasileñas en volverse global, y ahora recauda cerca de la mitad de sus ingresos en el extranjero.
“Sus logros han ganado elogios por todos lados. En el 2010, IMD, una escuela de negocios suiza, la nombró mejor empresa familiar del mundo. El año pasado McKinsey, una consultora estadounidense, publicó una entrevista muy halagadora con el presidente Emílio Odebrecht, que llevaba el encabezado: “Los principios y valores han ayudado a prosperar a este conglomerado familiar brasileño”.
“Los impulsores de Odebrecht seguramente se estarán lamentando por sus palabras de elogio, sobre todo lo de principios y valores, ya que la empresa ha quedado envuelta en un enorme escándalo de corrupción que se cierne sobre Brasil”.

De acuerdo con las investigaciones fiscales una “banda” de la empresa Odebrecht canalizó dinero a los políticos del Partido de los Trabajadores de Rousseff y sus aliados de la coalición. Marcelo Odebrecht -el hijo de Emilio- ha sido acusado de corrupción y lavado de dinero. La empresa, además, también es acusada de salpicar su actividad corruptora a quien, hasta hace poco, era un líder del socialismo y de los sindicatos no solo en Brasil sino también en América Latina: Luiz Ináco Lula da Silva, antecesor de Rousseff.


¿Está el capitalismo volviéndose un dogma, como el socialismo de antaño?

Entre los muchos defectos que los detractores del socialismo enarbolaron en la cruda lucha de la guerra fría estaba el carácter dogmático, fanático y hasta casi religioso de sus ideas y programas.

El socialismo duro, el socialismo de la cortina de hierro, el socialismo marxista, que fue parte de la historia de una parte de Europa, Asia y América Latina (Cuba), en las décadas del 50 al 90 del siglo pasado, llegó a ser una religión: el objeto de culto era la personalidad de los líderes (autócratas vitalicios); la doctrina, la ideología marxista-leninista-maoísta; el dogma de fe, los escritos de los ideólogos; el campo de acción, dominar a todo el mundo; el pecado, dudar de la ideología y de los ideólogos del estado socialista. (2)

Algo muy similar está ocurriendo en muchas organizaciones capitalistas privadas, sobre todo en las empresas de índole familiar. Se dice que en Odebrecht, los empleados, conocidos como “estudiantes” o "integrantes", deben estudiar los cinco libros de Norberto, y rinden una prueba sobre sus enseñanzas. En sus primeros años en la organización, el aprendizaje de los valores corporativos es la base para seguir ascendiendo en la escala empresarial. Se conoce de la existencia de un grupo cerrado de Facebook llamado Odebrecht United que cuenta con más de 17 mil miembros, en su mayoría empleados de la organización. “Sus elogios para la empresa -dice The  Economist­- no tienen límites: ‘¡Todos somos una familia, todos somos Odebrecht!’”

En nuestro medio no podemos dejar de mirar al emporio educativo de César Acuña a través de la Universidad César Vallejo (UCV). Este proyecto educacional que ahora cuenta con más de 17 mil alumnos repartidos en distintas áreas de nuestro país tuvo inicios muy humildes: una academia de preparación para el ingreso a la universidad. Aunque no se le reconoce ninguna filosofía empresarial, sí se puede constatar un culto a la personalidad de su fundador (rector-fundador o presidente-fundador). El retrato de César Acuña está en todos los ambientes administrativos de las once sedes que tiene a nivel nacional, y su palabra (la mayor de las veces ininteligible), es aceptada sin mayores dudas ni murmuraciones. En los primeros años de existencia, la UCV, supo ganarse el aprecio y la preferencia de miles de jóvenes que, en edad de seguir una carrera universitaria, no lograban alcanzar alguna de las limitadas vacantes que ofrece el sistema universitario público. El staff de docentes estuvo conformado por los mejores catedráticos de las universidades nacionales que –gracias a los buenos honorarios ofrecidos por la UCV- no dudaron, algunos, en emigrar a tiempo completo, y otros, en compartir sus conocimientos con los vallejianos, a tiempo parcial. Así, la UCV se fue ganando un prestigio y su rector-fundador, César Acuña, también. De ahí, el salto a la política estaba muy cerca, como que así sucedió. El resto ya es historia: la UCV dejó de ser la universidad que servía a la comunidad y pasó a ser un instrumento al servicio de las aspiraciones políticas de su presidente-fundador. A través de 25 años, la UCV y su cúpula dirigencial -constituida por los hermanos, esposa e hijos de César Acuña- fue tejiendo una red de subordinaciones basadas en los nexos con la universidad y con los cargos políticos que llegaron a ostentar a cualquier precio.


César Acuña, fundador del emporio universitario UCV

Vemos, pues, que cuando los de izquierda y los de derecha se ensartan en absurdas peleas tratando de establecer quién es más -o menos- dogmático, la balanza no se inclina para ningún lado: la historia demuestra que tanto en el socialismo como en el capitalismo, el comienzo del fin arranca cuando se pasa de la objetividad al fanatismo, y de éste a la corrupción. La corrupción es el común denominador de la fase de decadencia de ambos sistemas económico-políticos.


Epílogo

¿Qué hacer frente a este estado de cosas? En el socialismo, durante los setenta años que este sojuzgó a millones de personas, el pueblo nunca llegó a creer que ese era su destino final. La cárcel, la tortura, el copamiento de todos los poderes públicos y de los medios de comunicación y de expresión no pudieron tapar lo que era evidente: la corrupción del sistema político y, sobre todo, de sus políticos. El pueblo comenzó a expresarse –aunque en voz baja- por otros canales: en el mercado, en los cines, en las plazas, en el estadio… Una toma de conciencia fue madurando en la sociedad al tiempo que, en el mundo exterior, también maduraban las condiciones que harían posible la liberación del sistema totalitario.

Nuestras pseudomocracias latinoamericanas también estamos viviendo lo que vivieron las naciones europeas tras la cortina de hierro de las décadas del 50 al 80 del siglo pasado. El sistema económico-político latinoamericano ya no da para más. La corrupción tanto del aparato privado como del aparato estatal mantienen sumidas en la pobreza material y moral a millones de latinoamericanos. Si la supervivencia aún es posible es porque todavía existe una reserva de trabajo, honor y amor en el pueblo, el que -en cuerda separada-, lucha día a día por su economía popular/familiar con creatividad y sacrificio. Tampoco creemos que este es nuestro destino final. La lucha contra las fuerzas del statu quo dominante y corrupto será dura y hasta sangrienta.  Frente al desánimo que provoca una lucha estéril contra un sistema económico-político que ha capturado el estado y sus organismos de protección y supervisión, solo queda la capacidad de organización del pueblo, convocando a los mejores ciudadanos, que hayan dado muestras de honestidad, capacidad y compromiso.

Ni el socialismo ni el capitalismo han demostrado capacidad para garantizar el bienestar de la sociedad. Lo que sí lo garantiza es la capacidad que podamos tener para organizarnos en torno a un programa que convoque a la unidad y a la lucha frontal contra la delincuencia común y política para crear una nueva economía fundada en la meritocracia, la justa distribución de la riqueza y en la participación ciudadana a través de formas originales de democracia directa. Necesitamos empresas de nuevo tipo en un estado de nuevo tipo.



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(1) Tecnología Empresarial Odebrecht (TEO)
(2) Recomiendo la lectura del ensayo titulado “El capitalismo como religión
     de Walter Benjamin Gesammelte Schriften


Fuentes:



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sábado, 20 de febrero de 2016

El último consejo de los filósofos


Por Freddy Ortiz Regis

Decidí pasar el Sábado en la compañía de mi Dulce María y la naturaleza. Elegimos un hermoso parque que está enclavado en el suburbio de Trujillo, a tan solo cinco cuadras de mi nuevo hogar. El sol, implacable, calentaba nuestras cabezas a pesar que hacíamos todos los esfuerzos por transitar a la sombra.
Dulce María estaba emocionadísima, y yo también. Era nuestro primer paseo solos. De rato en rato cambiaba de mano y me miraba, de abajo hacia arriba, con esa sonrisa de niñita que refresca e ilumina el alma.
Un hombre, entrado en años, nos ayudó a llegar hasta el parque. En el camino me contó que todos sus hijos se habían ido al extranjero y se había quedado solamente con una nietecita. “Debe quererla mucho”, me dijo. “Claro que sí, señor, con ese amor que solo los abuelos sienten por los nietos”, le respondí.
- Es cierto, amigo… Mi nieta es todo para mí. Soy publicista, y la última vez que fui a Tarapoto, mi nieta me pidió que le trajera una tortuga. A cambio, me daría el beso más largo del mundo…
- ¿Y cómo le fue? –le pregunté.
- Pues se la traje… Llegué a casa cuando ella estaba durmiendo. Coloqué la tortuga, de unos 30 cm de longitud, debajo de uno de los árboles que tenemos en el jardín. A la mañana, se levantó, y saltando de alegría, me preguntó si le había traído su tortuga. Yo le dije –mintiéndole- que no había podido. Entonces, en su rostro se dibujó la sombra de la tristeza y la decepción.
- Oh, pobrecilla –dije-. Pero, entonces, ¿qué pasó?
El hombre sonrió y continuó:
- Yo le dije: “Pero vamos al jardín para poder darte un abrazo”. Tomé su mano y salimos al jardín y caminamos hasta el árbol donde había dejado la tortuga la noche anterior. Ahí estaba. Pero mi niña no se había dado cuenta aún. Entonces, yo me puse de cuclillas, y le pedí que me dé un gran abrazo. Ella, aún con la tristeza, me dio el abrazo, y mientras estábamos así, sentí un estremecimiento: “¡Abuelo, la tortuga!”. Entonces, ella volvió a abrazarme, y me dio el beso más largo del mundo!..
Yo sonreí y Dulce María también. Aunque mi nena aún no habla, todo lo entiende. Le di un abrazo a mi ocasional acompañante y nos despedimos, pues él debía tomar el bus hacia el balneario de Huanchaco, y nosotros, ya habíamos llegado al hermoso Parque de los Filósofos.


Parque de los Filósofos, La Noria, Trujillo

Lo primero que hicimos al llegar al parque fue buscar un asiento debajo de un gran árbol. El sudor recorría desde nuestras frentes y caía en grandes gotas sobre el cuello. Pero, debajo de la sombra del árbol, el clima era el más agradable del mundo. Un pensamiento de agradecimiento vino a mi mente: “Cómo, Señor, has establecido que unas pequeñitas hojas de los árboles puedan poner a raya la furia de una estrella tan grande como el Sol”.
No bien nos sentamos, Dulce María se sintió atraída por las aves que volaban de un árbol a otro. Yo, en cambio, me sentí atraído por las estatuas de los filósofos. Ahí estaban Engels, Sócrates, Platón, Séneca, Aristóteles, Salazar Bondy, entre otros prohombres de la historia, pensativos, y con un gesto nada cercano a la alegría o la complacencia.  He recorrido muchos lugares del mundo, y en ninguno, he encontrado un parque que reúna a los filósofos en una especie de panteón del conocimiento y la sabiduría.
De pronto, una voz, me sacó de mis pensamientos por los filósofos, reunidos en una ágora urbana y resplandeciente por el sol estival. Era la voz de una mujer, también entrada en años, que me preguntaba si podía sentarse junto a nosotros.
- Por supuesto que sí –le respondí.
Acto seguido ella se sentó a nuestro lado y Dulce María se abrazó a mí como si se hubiera asustado con su presencia.
- ¡Ay! Aún me faltan muchas cuadras para llegar a mi casa, y los taxistas me quieren cobrar cinco soles para llevarme… -dijo al tiempo que reposaba su robusto cuerpo sobre la banqueta.
El rostro de la mujer no era un rostro agradable. Tenía una amplia frente debajo de la cual se posaban unos enormes y potentes anteojos que afeaban su aspecto, agrandando descomunalmente sus ojos. El poco cabello que tenía le caía sobre la nuca de manera un poco descuidada, y su vestimenta… (lo siento, no puedo describir su vestimenta, pues, desde siempre, nunca he podido memorizar la forma cómo van vestidas las personas). Sin embargo, todo en ella reflejaba el estado de una mujer humilde pero decente, cansada pero vigorosa, triste pero consolada.
- Pero ¿qué le pasa a esta hermosa niña? –dijo, tratando de tocar a Dulce, quien lejos de corresponder al cariño de la señora, se apretó más a mi cintura, tratando firmemente de esquivarla.

Mi Dulce María
La mujer no me preguntó quién era Dulce María. Solo atinó a decirme:
- Qué hermosos son los niños… Cómo extraño los años en que vivía con mis hijos y todo era felicidad…
- ¿Y qué pasó con sus hijos? –le pregunté.
- Me refería a cuando eran niños… Ahora todos se han ido, se han casado y me he quedado sola…
Se hizo un breve silencio entre los dos, que rompí preguntándole:
- ¿No tiene a nadie que vea por usted?
Ella sonrió ligeramente, y me respondió:
- Me he quedado con mi hija y con mi yerno. Por eso cuide mucho a su hijita –me dijo señalando con su mirada a Dulce María- porque las niñas son las más amorosas y las que más se preocupan de los padres.
- Lo que más extraño es el tiempo en que eran niños y llamaba a mis cuatro hijos -tres hombres y una niña- y a dos varoncitos que criamos conjuntamente con mi esposo, a almorzar. ¡Qué tiempos tan maravillosos! Verlos alrededor de la mesa comiendo y celebrando sus diabluras era lo que daba vida a mi hogar. A veces no había para comer como Dios manda, pero nunca faltaba arroz y huevos para llenar la barriga no solo de quienes eran mi familia sino también de uno que otro que también pasaba hambre.
Pero de pronto, la alegría de su rostro se enturbió.
- Por eso digo, que la hija mujer es la más sensible y la que más ama… Cuando me peleaba con mi esposo y no me nacía atenderlo, mi hijita, la más pequeña, corría a la alacena, sacaba un pan, y le preparaba un pan con mantequilla a su papá, que luego entregaba diciéndole: “Toma, papito, come tu pan con mantequilla”.
- Y ¿qué es de su esposo? –le pregunté, presagiando que su marido también estaba entre las razones de su abatimiento.
- Mi esposo murió hace ya quince años… Cuando novios, y los primeros años de nuestro matrimonio, fue un hombre maravilloso. Pero de pronto, como si fuese de un día para otro, cambió.  El hombre amoroso, amable y atento que era se transformó en un ser díscolo, prepotente y abusivo.  Pero yo estaba casada con él. Él me enseñó muchas cosas de la vida que no sabía. Nunca cruzó por mi mente la idea de dejarlo pues él era el padre de mis hijos y yo su esposa. Tenía que soportar todos sus desprecios y deslealtades.
- Y ¿qué le pasó a su esposo? –le pregunté.
- Una mañana, el teléfono timbró y era él, que me llamaba desde Lima. “Clara, vente a Lima hoy mismo”, me dijo por el hilo telefónico. Yo le pregunté qué pasó, y el insistió, sin darme más explicación (como era su costumbre): “Vente a Lima, hoy”. Cuando llegué a Lima, me dijo que los médicos le habían detectado un tumor en la boca del estómago. Consultamos la opinión de otros médicos y todos coincidían en decir que había que operar, pero que ello no garantizaba nada, pues el cáncer ya había invadido otras zonas del estómago.
- Cuánto lo siento, señora –le dije, al tiempo que trataba de animar a Dulce María a que saliese de su ostracismo y gozara del parque, los árboles y los pajarillos que piaban y revoloteaban a nuestro alrededor.
- Y ¿qué pasó después? –le pregunté luego, alentándola a continuar con su relato.
- Mis hijos que viven en Lima, desanimados por los pronósticos fatalistas de los médicos, decidieron llevar a su padre a un curandero que -según decían- podía sanar hasta el cáncer. Mi esposo, por supuesto, no sabía que tenía cáncer. El curandero, después de auscultarlo, confirmó a mis hijos que ya no había remedio para su padre. Recomendó que le den una serie de brebajes que él podía preparar a un precio razonable para hacer más llevadera la agonía. Y fue así como llevaron a mi esposo a casa de uno de mis hijos en Lima, en donde, después de pocos meses, se extinguió en medio del dolor de todos.
- Cómo habrá sido la vida de su esposo… Acaso era bebedor… -le dije a la señora.
Ella abriendo más sus ojos, que tras los anteojos, parecían las órbitas de un antecesor antediluviano, respondió:
- Nada de eso. Desde que lo conocí fue un hombre amante del deporte. No fumaba. No bebía. Tanto amaba el deporte que, mientras yo estaba dando a luz a alguno de sus hijos, él estaba viajando en avión a algún torneo nacional o internacional.
Y ensombreciéndose nuevamente su rostro, continuó:
- Los últimos meses de su vida los dedicó a pedirme perdón. Al tiempo que tomaba los brebajes del curandero con la misma religiosidad y puntualidad con que antes hacía sus entrenamientos, me prometía que, apenas se sanara, trabajaría y viviría solo para mí. “Todo lo que gane, Clara, será para ti. Tú dispondrás a tu gusto de todo lo que te dé”, me decía, mientras sus ojos se nublaban por las lágrimas y sus manos se aferraban a las mías. Pero él no tenía que pedirme perdón, porque yo siempre le perdonaba. “Está bien –le decía con una sonrisa en los labios- tendré que buscar un buen costalillo donde guardar todo el dinero que me vas a dar”.
Yo estaba muy triste por la historia de esta mujer. No comprendía cómo el sol, el parque, las avecillas y Dulce María, podían permanecer ajenos al dolor de esta hermosa mujer. Ella sintió lo que yo sentía y me dijo: “Qué triste es a veces la vida. Yo no quiero seguir viviendo sola. Justo vengo de averiguar cómo es eso del asilo. Me han dicho que no se pasa mal y, al menos, no hay soledad”.
Entonces yo le respondí:
- Doña, yo creo que la vida no es triste ni alegre. La vida es solamente justa. Lo que sembramos eso cosechamos.
Ella, con el rostro ligeramente iluminado, me dijo:
- ¡Sí! La vida es justa nada más. Cómo no lo había pensado antes.
Durante el tiempo que duró nuestra conversación, Dulce María, había estado esquiva, como si la voz de la mujer, hubiera reemplazado el motivo por el que habíamos venido a este hermoso parque.
De pronto, la inclinación de los rayos solares hizo que éstos llegaran hasta nuestro asiento, obligándome a despedirme de la mujer con un beso en la mejilla.
Por un momento me sentí tentado a darle cinco soles para que pagara su taxi, pero me contuve pensando que tal ofrecimiento podría ser interpretado como una ofensa, por una mujer abatida por la vida pero enriquecida por la sabiduría y el amor.
- Adiós, niña linda –dijo la señora, al tiempo que Dulce María hacía con su manita el ademán de la despedida.
 Volveré pronto al Parque de los Filósofos para agradecerles su último consejo.



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