martes, 1 de octubre de 2013

La forma vs el fondo: Una crítica constructiva a los asesores académicos

Por Freddy Ortiz Regis

Cuando reviso los proyectos y/o tesis de grado europeos y los contrasto con las exigencias académicas de nuestro medio me llama la atención la abundancia de formalismos de éstas respecto de aquéllos. En mi experiencia como asesor académico particular me deprime ver como los asesores de tesis de las universidades locales matan la creatividad de los jóvenes con exigencias banales, estereotipos torpes y una sobredosis de ignorancia que corta las alas a la audacia y la renovación.

He llegado a conocer asesores que le tienen miedo a internet. Consideran que una investigación, que tiene sus fuentes teóricas en la web, es una investigación no genuina. He sabido de asesores que ridiculizan a sus alumnos cuando son prolíficos en fuentes ya sea virtuales o físicas. "¡Ni yo en mi tesis de doctorado!", exclaman en tono burlón. Incluso hay quienes ―desconfiando descaradamente de sus alumnos― les exigen las copias fotostáticas de los libros físicos consultados. Para estos asesores el avance de las tecnologías de información no existe. Están anclados en el pasado. Anhelan los tiempos en que los jóvenes pasaban extenuantes jornadas consultando libros en las bibliotecas y transcribiendo ―a lapicero limpio― bloques enteros de texto.  Para ellos Google Books, BNE, la Biblioteca Americana, Eumed, Smutko, y tantas otras bibliotecas virtuales mundialmente famosas, son complicados monumentos cibernéticos a la haraganería.

También hay asesores que rechazan los proyectos de sus alumnos menospreciando su capacidad de investigación. Con expresiones tales como: “¿Acaso dominas esta materia?”, "¡Cómo te vas a meter en esto!" o “¿Para qué te vas a complicar?”, etc., etc., abonan la mediocridad y frenan la temeridad investigativa muy propia de la juventud.

Y también hay otro grupo de asesores que complican la vida de los graduandos con una casi enfermiza pasión por las formalidades tipográficas y de presentación. He visto en mi experiencia como asesor particular de trabajos de investigación, asesores que han rechazado una investigación porque no tenía “Dedicatoria”, porque la Introducción pasó las cinco páginas, porque la enumeración de los preliminares no estaban en romanitos (desconocen que con los archivos PDF la numeración en romanitos ahora es perjudicial), porque se introdujeron “pies de página” (creen que porque las referencias bibliográficas son en formato APA, entonces ya no debe haber “pie de página”), porque las conclusiones no estaban enumeradas, porque no se colocó “hipótesis” (a sabiendas que se trata de una investigación descriptiva no propositiva); y pongo un largo etcétera pues la lista de banalidades y superficialidades es casi interminable.

Hago estas reflexiones con el único propósito de que la universidad asuma su rol investigatorio privilegiando el fondo sobre la forma. La investigación académica tiene ―y debe― que echar mano de la vasta cultura e información científica que está disponible no solo en nuestro idioma sino también en otras lenguas, especialmente en inglés. No es pecado que el Marco Teórico de una investigación se nutra de los trabajos de otros, siempre que se cumpla con insertar las respectivas citas bibliográficas para respetar los derechos intelectuales, pues, será en el capítulo referido a la Discusión de los Resultados ―de los hallazgos teóricos y empíricos― en donde el graduando tendrá todo el campo a su disposición para criticar, analizar y desarrollar su propio aporte al conocimiento, y que quedará sintetizado en sus conclusiones y recomendaciones finales.

En nuestro país, donde tenemos que acelerar para disminuir la brecha con los países tecnológicamente desarrollados, no podemos darnos el lujo de volver a las carretas y al transporte en acémilas. El desarrollo de las TICs nos abre las puertas a una impostergable oportunidad de acceder ―inmediatamente― a lo mejor de la cultura y la ciencia universales con un solo clic. La universidad debe ser la catalizadora de esa oportunidad y no un freno a la infinita capacidad de inventiva de los estudiantes peruanos, sean éstos jóvenes  o viejos.