domingo, 18 de julio de 2010

Encantado de conocerme

 

Por Borja Vilaseca

libro-vilasecaA diferencia del resto de animales, nuestra evolución requiere cierto esfuerzo consciente. Los seres humanos nacemos en la inconsciencia más profunda y solemos establecernos a partir de los catorce años en el llamado «estado de vigilia». Nuestro siguiente paso evolutivo es alcanzar la plena conciencia –más allá de la tiranía de la mente–, el cual depende de cada uno de nosotros. La dificultad previa radica en el hecho de que, siendo todavía bebés, la realidad se nos antoja amenazadora y hostil.

Para defendernos de la infinita y confusa información que nos llega a través de los sentidos, poco a poco, y desde el día de nuestro nacimiento empezamos a protegernos tras un escudo mental, también llamado personalidad, ego o falso yo. Así es como nuestra verdadera esencia queda sepultada. Sin embargo, esta autoprotección tiene una finalidad evolutiva concreta: al no contar con un cerebro desarrollado, nos ayuda a sobrevivir emocionalmente al abismo que por entonces supone nuestra existencia.

De hecho, sean cuales sean nuestras circunstancias externas, los expertos en Eneagrama sostienen que, por muy cariñosos que hayan sido nuestros padres, la tremenda experiencia que supone el parto suele dejarnos heridas psicológicas profundas. A lo largo de nuestra infancia, éstas se van abriendo e intensificando, y provocan que nuestra necesidad de amor pueda llegar a ser desmesurada. Ésta es la razón de que los primeros seis años de vida siempre tengan un gran impacto en el posterior desarrollo de nuestra personalidad y, por ende, en la desconexión con nuestra esencia.

Eso sí, cuanto más amor y estabilidad hayamos recibido durante esos años –o más percibamos haber recibido–, menor necesidad habremos tenido de protegernos bajo la falsa identidad de nuestro ego. A partir de esta percepción subjetiva y distorsionadora, nuestra esencia comienza a ser sepultada por una serie de patrones de conducta inconscientes. Y esta personalidad termina por convertirse en un «falso puente psíquico» que une nuestras carencias afectivas con la sensación de que así conseguiremos el amor que tanto necesitamos. Desde el punto de vista del ego, todos nuestros actos y nuestras palabras tienen la finalidad inconsciente de conseguir que los demás nos quieran. Sin embargo, suelen acarrearnos más bien lo contrario.

Eso es porque, para alcanzar este ambicioso objetivo, creemos equivocadamente tener que hacer algo para conseguirlo, en vez de ser simplemente lo que somos y aceptar agradecidos lo que nos dan. Cuanto menos nos aman o menos amor creemos estar recibiendo, más fuerte y dura se convierte nuestra personalidad, ego o falso yo, sin mencionar los casos de maltratos físicos y psíquicos, cuyas experiencias traumáticas provocan que este escudo protector sea inmensamente más desproporcionado que el de la mayoría.

 

Para ver el texto completo del extracto de la obra “Encantado de conocerme” hacer clic aquí. Para entrar a la web de Borja Vilaseca hacer clic aquí.

No hay comentarios: