miércoles, 30 de abril de 2008

BASES DE UN VERDADERO LIDERAZGO



Por Freddy Ortiz Regis

Abogado





“Ser nosotros mismos nos causa ser exilados por muchos otros. Sin embargo, cumplir con lo que otros quieren nos causa exilarnos de nosotros mismos”. Clarissa Pinkola Estés

El líder más grande que la historia de la humanidad ha conocido ha sido sin duda alguna Cristo. Su liderazgo ha sido tan trascendente que la historia ha quedado dividida en “antes de Él” y “después de Él”. ¿Qué hizo Jesús para que su liderazgo sea tan eficiente? ¿Qué métodos empleó?

Estas y muchas preguntas más son las que nos hacemos quienes tenemos algún compromiso con el liderazgo en medio de un mundo donde cada día se abren más las puertas para que las personas asuman sus identidades, sus virtudes y defectos, sus ventajas y debilidades.

Quienes vemos en Cristo un líder indiscutible —independientemente de nuestro credo— no podemos menos que asumir la hermosa tarea de investigar sus métodos más poderosos. No cabe duda que Jesús tenía un grupo al que Él denominó seguidores (el término apóstoles es que los estudiosos de los Evangelios dieron a los seguidores de Jesús). Sobre este grupo de seguidores Jesús dijo que ellos eran “la luz del mundo” (Mateo 5:14). También les dijo que eran “la sal de la tierra”. Les pidió que no juzguen a los demás para que no sean juzgados (Mateo 7:1). Les exhortó a que no pongan la mano en el arado y sigan mirando hacia atrás (Lucas 9:62). Les pidió que nunca pierdan la fe (Mateo 8:26). Los eligió de entre aquellos que el mundo concebía como malos o mediocres (Mateo 9:9). Les dio autoridad (Mateo 10:1). Les recomendó ser tolerantes con quienes no concuerden con ellos (Mateo 10:14), y a ser prudentes como serpientes y sencillos como palomas (Mateo 10:16). Les mostró sin rodeos lo débiles que eran (Lucas 22:31-34). Les reveló que el verdadero líder no es alguien que se aprovecha de los demás sino que es alguien que sirve al grupo (Lucas 22:27). Y lo más importante: los llamó amigos (Juan 15:15).

Sobre la base de estas reflexiones nos planteamos la siguiente interrogante: ¿Pueden ser útiles los métodos de liderazgo de Cristo para las exigencias del mundo moderno?

No cabe duda que la respuesta es positiva. Pues a través de la metodología de Cristo podemos comprender cómo este grupo de personas sencillas, humildes, con defectos de carácter tan marcados, y que nosotros conocemos como los apóstoles de Jesús, realizaron una labor tan grandiosa que la humanidad tuvo que ceder ante sus enseñanzas, ejemplo y testimonio. Ellos habían tenido un líder de verdad. Alguien que trabajó en sus mentes y en sus corazones de una manera personalizada ayudándolos a conocerse a sí mismos y a descubrir el tremendo potencial que una vida transformada puede hacer en favor de los demás. Fue un líder incapaz de sobreponerse a ellos sino que sentó las condiciones para que ellos se acerquen a Él con confianza, anhelo de conocimiento y, sobre todo, con amor.

Como corolario de estas reflexiones en torno al Líder frente a los participantes del grupo en el contexto del liderazgo cristiano podemos decir dos cosas muy sencillas:

La primera, es que los métodos de Jesús en su liderazgo con un grupo al que El llamó seguidores sí tienen vigencia en el mundo moderno de hoy. En un mundo caracterizado por el anhelo irrefrenable de escalar posiciones a toda costa, de alcanzar la máxima eficiencia, la excelencia total, en una sociedad cada día más anónima, en donde las relaciones familiares y amicales se han enfriado por la falta de tiempo y el desarrollo de tecnologías que nos mantienen absortos en un mundo virtual, las enseñanzas de Cristo Jesús caen como la lluvia sobre un mundo sediento de métodos humanizados, de procedimientos fundamentados en la confianza, el cariño y la tolerancia hacia los demás.

La segunda, es que el líder puede llegar a ser capaz de desarrollar en su grupo un sistema de comunicación que tenga como ejes principales: el desarrollo y crecimiento de la autoestima de sus integrantes; la tolerancia para saber aceptar los errores de los demás y corregirlos en un marco de ayuda mutua; el deseo de superación y capacidad para dejar atrás aquello que estorba o entorpece el crecimiento de las personas individualmente y como grupo; y la fe para creer en sí mismos y en lo pueden llegar a hacer.

Finalmente, nuestra mayor recomendación es profundizar en la vida y enseñanzas de Jesús como métodos genuinos de liderazgo y crecimiento personal.

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